La Muerte y la Vida

Cuando llegué a la oficina ayer con apuros fui a un centro de rehabilitación al frente de la iglesia para buscar cualquier información que habría de uno de mis feligreses que había fallecido. Estaba muy enfermo. La dementia no le afectaba mucho, y a menudo no era una persona feliz, pero siempre interesante. Ahora se nos ha ido. Espero comunicación de parte de sus hijas o su ex-exposa para planificar su misa fúnebre, pero ausente eso la gente de la iglesia merecen un momento para despedirse, y así lo haremos.

La muerte es cosa curiosa. Hace unos diez días fui a visitarlo y me contó un sueño que había tenido la noche anterior. Después tuve la impresión que en su sueño miraba a ambos lados, en este mundo y el otro a la vez. En otra visita antes me había lamentado,

–Yo no quiero morir.

Le había respondido,

–Pues, ¡no lo hagas!

Pero en esa visita estaba más tranquilo con si mismo, y comentó en una manera indirecta que estaba listo. Claramente estaba listo.

La muerte trágica es impuesta por accidente, enfermedad o violencia no escogida. El “buen morir” es escogida, algo recibida, sabiendo que por los poderes cósmicos es el momento, el lugar o la hora apropiada. Misa fúnebre para un buen morir da voz al luto y celebra la nobleza. Misa fúnebre para un mal morir da voz al luto y también a la rabia. En ambos se debe terminar en esperanza, pero con un mal morir es mucho más difícil.

La muerte llega a ser la medida de la vida: Un mondo en que la muerte es buena es un buen mundo en que vivir.

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